LA VIDA ES ESCALAR. EL RESTO ES LO QUE NOS PASA ENTRE VÍA Y VÍA

miércoles, 19 de marzo de 2014

ETERNO RETORNO

Hoy tocaba incidente, que no accidente. No hubo huesos rotos, ni camillas, ni muletas, ni nada. Solo cambio de ropa interior, manchada ligeramente debido al miedito, y el típico: "no contéis esto que os mato. Y si lo hacéis, decís que somos muy machos y no nos cagamos encima del susto". Pero no. Hoy me se apetece hablar de otra cosa.

A mí el fútbol, básicamente me la refanfinfla. Me da igual. Ni lo veo, ni lo sigo ni me importa. Y mira que llegué a jugar a la Liga Marca cuando salió. Pero cuando empezaron a pagar verdaderos disparates por tíos en calzonas que le daban patás a un balón (el que las daba), y que en la mayoría de los casos no tenían ni el graduado escolar, me di cuenta de que eso ni era deporte ni era ná. Puto Negocio, como un 7b+ buenísimo de uno de los mejores muros del Sur. Y estoy hablando de hace casi 20 años. Ahora no lo quiero ni saber.
Así era el último balón de fútbol que tuve. Ahora creo que son distintos

Conozco a algunos personajes porque es imposible no conocerlos. Salen a todas horas en la tele: que si ese con cara de panoli metrosexual ha llorado porque en un entrenamiento alguien le ha despeinado y no le queda gomina; que si el otro chiquetito con cara de bobo ha hecho un sinpa en hacienda; que si el que viste en el Siglo XXI como Don Johnson de Miami Vice (siendo de Camas) habla y sube el pan; que me llevo unos pocos millones pero soy más útil para la sociedad en libertad...en fin, ese mundo es una mezcla del Salvame Deluxe y Mujeres y Hombres y Viceversa. Pa matarlos a tos. 

Pero si me tuviera que decantar por un equipo, no lo dudaría: el Betis. Más que nada porque he sido Bético desde que nací. Pero sin fanatismo ni nada de eso. Me gusta este equipo y lo que representa. Y sobre todo el pique entre béticos y sevillistas. Eso, hay que ser de aquí para entenderlo.

Pues bien, el otro día, pensando un poco en el mejor sitio para pensar de un hogar, me di cuenta de lo similares que son el Betis y la escalada. Ambos, a veces, son un mojón. Quizás el entorno me llevó a esta conclusión...
Croquis del Sector Pensadero de mi casa. Para más información, consultar la web de Roca
                             
Siempre he pensado en lo desagradecido que es este deporte. No sé cuántos escaladores habrá en este país, o en el mundo, pero estoy seguro de que al menos aquí, son muy pocos los que se pueden dedicar por completo a ello. A escalar y/o entrenar casi a diario. La mayoría dedica el tiempo que puede, que suele ser poco o nada, a entrenar y a rezar para que no llueva el finde, ya que algunos sólo pueden escalar un día. Yo me encuentro en este último grupo: Los obreros del Rotpunkt.

Cuántas veces habré escuchado eso de: "ahora estoy retomando". Casi todos, por un motivo o por otro, tenemos épocas malas o muy malas en las que nos vemos obligados a dejar de escalar: lesiones, lluvia, familia, puta lluvia, desfiles de Drags Queen, puta lluvia de los cojones, obligaciones diversas, me cago en Maldonado y en el tiempo.es, etc. Iba a poner trabajo, pero está la cosa chunga. Que ahora parecemos todos bomberos, con tela de tiempo libre. Pero sin cobrar, eso sí.

Lo que viene siendo mayormente el Eterno Retorno. Siempre volviendo. Siempre intentando recuperar la forma (el que la tuviera) y dejar de ser redondito y de arrastrarse en los quintosmases como una culebra.

Pero cuando se alinean los astros y todo fluye, cuando escondes bajo llave los tocinos de cielo y no llueve, a veces, muy pocas veces, se dan esas situaciones en las que todo el sufrimiento, todo el esfuerzo, todas las penas, las lesiones, los momentos de desmotivación total, la frase esa que te golpea el selebro una y otra vez (Papá, te has agarrado a la cadena, te he visto. Calla niño), todo eso, se te olvida. Simplemente desaparece. 

Las bolas esas por lo visto son planetas

Cuando tienes un proyecto, el que sea y del grado que sea, te haces el nudo, te pones los gatos, y empiezas a escalar, y te vas dando cuenta de que ese pegue va a ser especial aunque no encadenes; que vas con una concentración absoluta, como si no fueras tú, como si te vieras escalar desde fuera, sin esfuerzo, fluyendo por la roca en cada movimiento, con precisión, con decisión, en ese estado de hiperconciencia en el que parece que te has tomado un tripi  y lo ves todo con otros colores (eso me lo ha contado uno que dice que es así), todo extrañamente real.

Los sonidos, los olores, el tacto de la roca. Pocas veces te has sentido así escalando. Y sobre todo, y por encima de todo, te estás divirtiendo escalando, hasta que sin darte cuenta, ya has chapado la cadena.

Esos momentos, para el común de los mortales escaladores, se suelen dar en muy, muy contadas ocasiones, y además, normalmente sin previo aviso.

Pero, al menos para mí, esos son los momentos que hacen que ame este deporte. Que no pueda vivir sin escalar, sin entrenar, sin dormirme pensando en los movimientos de alguna vía; que hacen que tenga junto al ordenador una bolsa con magnesio porque veo un vídeo de escalada (incluso de bloque, así de mal estoy), y me sudan las manos...

En definitiva, momentos esporádicos, aleatorios, de máxima plenitud y felicidad escaladora, que te cargan de energía para todo lo que venga después, aunque durante otros pocos meses te vuelvas a arrastrar por las paredes. 

Como el Betis. Estamos acostumbrados a pasarlo mal y a que nos de disgustos, pero ahí seguimos. Aguantando. Y a veces, pocas, te sorprende con un momento de esos y te da una alegría. Y no puedes evitar llevar durante unos días esa sonrisita guasona, que sólo si eres de aquí sabes lo que implica y todo lo que te cuenta sin decir una sola palabra. Y que significa que todo lo malo anterior, al menos durante un tiempo, se olvida. Porque merece la pena ser Bético. Y escalar.

lunes, 17 de febrero de 2014

ASAC

Ya que estamos con el rollo este de la seguridad y los accidentes, ¿os habéis preguntado alguna vez por la resistencia de los materiales que empleamos cada vez que vamos a escalar?.  Yo no. 
Pero ya que estamos, ¿cuánto aguanta esa reunión de la que nos estamos descolgando, o el anillo ventral de nuestro arnés?. ¿Cuál es la distancia mínima que debemos guardar con respecto a nuestro compañero de cordada, si ha desayunado tostadas con muchísimo ajo?. ¿Afecta la halitosis sabor ajo a la resistencia de nuestra cuerda?. ¿Debería jubilar las cintas exprés que me compré hace 20 años?

A resolver todas estas dudas y otras muchas cosas que no son dudas pero les entretiene mogollón, se dedica el magnifico equipo de personas humanas y semi humanas que componen ASAC FORMACIÓN. Son tantos y tan buenos profesionales, que enumerar sus nombres nos llevaría horas y horas. Así que paso. Por poner sólo un ejemplo, mencionaré al señor Curro Martinez, al que se puede considerar sin riesgo a equivocarnos alma mater de este proyecto. 

Pretendíamos incluir algunas palabras suyas, pero ha sido imposible localizarlo, más que nada porque no lo he llamado. Pero seguro que estaba haciendo algo con sus cacharritos. 

Entre sus últimos trabajos se encuentran un interesante estudio sobre los arneses de escalada publicado recientemente en la revista Escalar nº90:



Y otro no menos interesante sobre la resistencia de los anclajes más comunes utilizados en este deporte, que podéis leer en la página web de la revista Desnivel: 
Ya lo dice ese famoso dicho: "tienes más peligro que el Curro con un tractel"


Página web de ASAC: http://asacformacion.com/

Y en Facebook: 

miércoles, 12 de febrero de 2014

SEGUNDA PARTE DE LA CUARTA PARTE, VII. Anexo 1.a

Como os dije la semana pasada, aquí va el relato del asegurador:

Es un sitio como este fue el accidente, con sus rocas, sus árboles y sus cosas de campo.


Accidente en Benaocaz. Sierra de Grazalema. Cádiz.

Fecha: 24-11-2012
Lugar: Benaocaz.
Edad escalador: 38
Tiempo de práctica escalador: 20 años.
Edad asegurador: 39
Tiempo de práctica asegurador: 15 años.

Descripción de los hechos: después de hacer un par de vías en la sección derecha del sector, nos dirigimos a la parte central, justo antes de la zona con desplome. En una placa inicialmente tumbada, se abren dos vías que luego se complican más arriba. La sección inicial es un trepadero, algo descompuesto a la derecha, por donde la vía no pasa...

La hago yo de primero. Recuerdo tierra mojada de las lluvias de los días anteriores. La roca estaba bien, adherente, aunque con zonas de tierra y roca. Conforme escalo procuro no salirme de la línea de la vía hacia la derecha, ya que es la parte más rara. Tiro arriba y fuera.

Mi compañero se piensa si hacerla de primero o de segundo. Le explico un poco la parte de arriba, un 6b con un diedro a izquierda y una placa en medio... y decide darle de primero.

Él no lleva casco. Yo si lo llevo (asegurando y escalando). Me acerco a la pared y le aseguro de pie. Conforme va subiendo me alejo un par de metros de la pared

Comienza la sección tumbada y a unos 9 o 10 metros del suelo, mi compañero grita y se trae literalmente en la mano el bloque sobre el que estaba subido... tamaño bastante grande. Digo subido porque no es que lo cogiese con una mano y se le fuese el canto, sino que estaba con las manos sobre la arista superior y los pies en el mismo bloque.

Este bloque se encontraba un poco (sólo un poco) a la derecha de la vía. No puede considerarse que estuviese “fuera de la vía”.

La última chapa estaba a unos 3 metros por debajo. Yo peso 60 kg, él creo que andará cerca de los 75. Al caer, su peso y la caída me impulsan con fuerza contra la pared y en esos segundos veo como él rebota por toda la pared y cómo el peñasco se desmorona en un montón de trozos, algunos más grandes que otros. Los más grandes quedaron del tamaño de una cabeza.

No llega al suelo, se queda a poco más de 3 metros pero bastante conmocionado con los golpes. Me asusto porque esta colgado sobre la cuerda (tipo el grito de piedra) y hace intentos de incorporarse pero no puede. Yo me he dado un golpe en el pie derecho contra la pared y mi casco ha volado (¿? supongo que no estaría bien puesto el barbuquejo o como se llame eso). Miro atrás donde estaba asegurándole y está lleno de piedras del peñasco que se trajo de la pared.

Le pregunto cómo está; tarda en recuperar la cabeza y lo bajo. Se ha dado un golpe fuerte en el pie (izquierdo creo). Por lo demás, poco más. Aunque la cuerda tiene un bocado muy feo a unos dos metros del nudo de encordamiento. Entiendo que fue la caída del peñasco la que hizo la mella en la cuerda.

Al final fue un susto, pero nos quedamos fríos del susto, aparte de las mínimas lesiones que nos llevamos a casa.

El pie de vía es estupendo para ponerse a ver, charlar o lo que sea. Fue una suerte que sólo estuviésemos los dos escalando, porque si llega a haber alguien abajo se lleva la piedra fijo. Y podríamos haber salido de allí de otra forma muy distinta...

Posibles causas: para mí, la principal causa es no haber sabido leer la vía, en el sentido de que estaba claro que hay una sección un poco más descompuesta, además de fácil. Nos metimos en ella cuando días antes había estado lloviendo (varios días seguidos) con lo que eso implica para la roca y las zonas menos compactas. Y quizás en esas condiciones habría que tantear un poco la calidad de la roca por donde vas a pasar

Consecuencias: por mi parte un golpe en el tobillo que no tuvo más consecuencias. Para el escalador, un esguince y alguna otra cosa más.

Cómo evitar esto: aumentando la prudencia en situaciones en las que la roca pueda dar sorpresas, como zonas más descompuestas o menos compactas, tras lluvias abundantes, etc.
También habría que dar un toque de atención a los equipadores, para que sean conscientes de que la vía no es únicamente poner chapas, sino que el trabajo de limpieza y retirada de posibles bloques también forma parte del equipamiento.
Semanas más tarde me encontré con algunos de los equipadores de la zona y tras contarles la historia la respuesta fue, poco más o menos que: “unas veces les toca a unos y otras veces a otros”.

Tócate los huevos con la respuesta.

Sin más, que hoy no tengo ganas de escribir. Que me dijeron el otro día que alguien iba a publicar un libro con una recopilación de accidentes de escalada deportiva, y acabo de leer en Internet que ya ha salido el libro. Y por lo que cuenta el hombre, es lo mismo que lo que yo estaba haciendo. Ma cortao tol rollo, caniho.
Y ahora no sé si seguir con esto o volver a escribir guiones para pelis porno. En fin, me voy a echar una siesta, a ver si me aclaro un poco.

jueves, 6 de febrero de 2014

PRIMERA PARTE DE LA CUARTA PARTE

Otro clásico: rotura de un canto y el consiguiente vuelo. 
A diferencia del primer accidente que publicamos (qué pasa Curro, aquí también somos mogollón de gente...), este es escalando y no en un trepadero de acceso a la vía.

Lo que pasa es que en cuanto a rotura de cantos, hay una gran diferencia entre romper una regleta de primera falange con la chapa en la cara, o traerte un bloque del tamaño de una lavadora con la última chapa a tomar por culo. Este accidente es del segundo tipo.

En esta ocasión, tenemos la oportunidad de conocer los hechos desde dos puntos de vista: el del escalador y el del asegurador. En primer lugar, vamos a leer cómo lo cuenta el escalador. En el próximo post, veremos cómo lo vivió el asegurador. Lo mismo ni coinciden.

El texto está tal cual me lo han mandado ellos. Tan sólo he eliminado el nombre de los escaladores y el del sector, porque tengo entendido que no está permitido escalar allí y es mejor no darle mucha publicidad. Creo que a esos sitios, algunos los llaman Secretivos. Pero eso, como diría mi amigo y futuro Psicólogo Kapote, es un tema.

Accidente en Benaocaz. Sierra de Grazalema. Cádiz.

Fecha: 24-11-2012
Lugar: Benaocaz.
Edad escalador: 38
Tiempo de práctica escalador: 20 años.
Edad asegurador: 39
Tiempo de práctica asegurador: 15 años.

Descripción de los hechos: el primer escalador prueba la vía, va sacando todos los pasos, hasta que se detiene en el paso de la vía. Justo por encima del bloque desprendido. De hecho se posiciona sobre el bloque para intentar superar esta parte del muro. Lo consigue y finaliza la vía.
Y luego habrá gente que se apunte la vía a vista

Se procede al intercambio de posiciones y el asegurador pasa a escalar y desmontar la vía. Aunque la vía discurre a lo largo de un diedro, tiene dos partes diferenciadas.

La primera parte es un plano tumbado, muy fácil de escalar sin apoyo en el diedro, con una serie de chapas muy alejadas entre sí. La segunda, es una parte de muro vertical, que termina en salida de techo con posición abierta a diedro. Con chapas más cercanas entre sí. De hecho la dificultad de la vía recae en esta segunda parte.

Cuando el segundo escalador grapa la tercera o cuarta chapa, deja atrás el plano tumbado y empieza la parte más vertical, en este tramo percibe lo que parece una barriga-laja con cantos laterales de mano derecha muy buenos, que culminan en cazos superiores horizontales.

Al intentar superar la especie de barriga-laja, traccionando de manos en los cazos superiores, y subiendo la pierna izquierda para superar esta laja, se desprende.

Percibo una sensación extraña, ya que aunque yo estoy haciendo fuerza para subir, veo como la pared se aleja de mí. Lo siguiente que hago es mirar a la izquierda y veo como la piedra a la cual estoy agarrado se desprende de la pared, a su izquierda se desprenden dos bloques más.
En ese instante pienso que un bloque tan grande me puede aplastar y me lanzo a la derecha. Hago un vuelo de unos dos o tres metros hasta que impacto con el pie izquierdo, sobre la piedra y un árbol que hay a la derecha.
Mientras tengo la sensación de que a mi espalda ha ido cayendo un bloque a mi vez. La siguiente sensación es que algo tira de mi hacia la izquierda, me vuelca y golpeo con cabeza y espalda contra la pared. Puedo llegar a ver el suelo, ya que mi cuerpo está de cara al mismo. Vuelvo a girar: golpe de codo y rodilla, y caigo otros dos metros en postura horizontal, mientras veo que el bloque ya se ha roto en varios pedazos que caen abajo.
No logro ver al asegurador, ya que con mi vuelo, lo he arrastrado contra la pared, y esta encajonado en el diedro. Si veo como las piedras le pasan por encima.
Cuando al fin la cuerda me ha parado la caída, no puedo respirar bien, ya que el golpe en la espalda me ha entrecortado la respiración. Pienso en no perder la consciencia por el golpe en la cabeza, e intento comunicarme con el asegurador. Al cual le hago gestos para que me baje.

Me pide que me estabilice, e intente incorporarme. Me baja cuando la situación parece que se ha calmado, y puedo hablarle mejor. Ya en el suelo, cada uno reacciona de forma diferente, a mi me da un ataque de risa y él esta como bloqueado.

No puedo ponerme de pie, ya que el tobillo no lo siento, ni me responde. El sufre un fuerte impacto en la rodilla. Y las demás escaladoras se acercan a ver qué ha pasado, ya que han escuchado el estruendo.

Con el transcurso de los minutos, vamos examinando lo que ha ocurrido, el estado de la cuerda (que ha recibido  un corte por la piedra en la camisa), y los trozos de piedras caídos.

La caliza esta reblandecida, muy porosa y muy húmeda. Las lluvias fueron hace días. En la pared se observa una gran mancha de tierra en la posición de la piedra.

Con otro asegurador distinto, el primer escalador pasa a desmontar la vía, y nos vamos. No llamamos a Guardia Civil, ya que en principio podía salir por mis propios medios.

La suerte que tuvimos fue la suma de varios factores, la vía discurría por un diedro en diagonal a la derecha, con lo que el desprendimiento, cayó a la derecha y por encima del asegurador. No había espectadores. No había chapas en el bloque desprendido, que hubieran podido romper la cuerda, o arrastrado al suelo, con consecuencias mortales.

En la foto anterior a la caída se puede observar de lejos, como en realidad era una laja con una fisura, a través de la cual entro agua entre la piedra y la pared a la cual estaba soldada.

Posibles causas: reblandecimiento de la piedra caliza por efecto de las lluvias, hinchamiento y expansión del material arenoso acumulado de la grieta y posible efecto cuña de raíces de plantas.

Consecuencias: ruptura y desprendimiento del bloque de piedra, cuando sufrió una tracción por parte del escalador. Afortunadamente sin víctimas mortales, solo una luxación de tobillo, y politraumatismos por el cuerpo.

Cómo evitar esto: es difícil de buscar un remedio en la dinámica erosiva de las rocas. Pero por  rascar, el equipador debería de haber comprobado el estado de cohesión del bloque a la pared, al equipar la vía, y haberlo quitado. Limpieza más exhaustiva de la pared.

Desde mi punto de vista, y si ambos coinciden en que no se salieron de la vía (entendiendo por vía un espacio ra-zo-na-ble a ambos lados de la chapa), quizás en este caso se podría hablar de la responsabilidad de los equipadores.

Da la casualidad de que yo he escalado en ese sector un par de veces y he de reconocer que apreté el ojopatio como nunca en varias ocasiones para evitar derrames, por cómo y dónde estaban colocados algunos seguros. La impresión que me llevé es que ciertas vías tenían chapas que digamos, podrían mejorar su colocación.

Además está el tema de la limpieza. Como he escuchado muchas veces, equipar no es sólo poner chapas. Limpiar la pared es igual o más importante que colocar correctamente los parabolts. Mucho más en ese tipo de roca, con multitud de fisuras y bloques en apariencia estables. 

A continuación, un ejemplo de dos grandes profesionales del equipamiento y la limpieza en acción. Su lema podría ser: "Si es más pequeño que un coche y se mueve (o no), pa bajo".

Limpieza de las vías Ampthrax y Ébola, en El Chorro

Limpieza de la vía Mar de Fuego, el El Chorro

La experiencia es un grado a la hora de intuir qué cantos pueden partirse, pero la inmensa mayoría de las veces nos pilla desprevenidos, por mucha experiencia que tengamos. Otra razón más para llevar casco tanto asegurando como escalando, y para no ir a ciertos sitios con roca blanda después de las lluvias.

PD: agradecer al accidentado su detallado relato, su léxico impecable, su sintaxis exquisita y el trabajo de hacer y editar la foto para que entendamos mejor el accidente. Lástima que no escale igual que escribe. Sería un Máquina...

sábado, 4 de enero de 2014

MI HISTORIA: TERCER CAPÍTULO

Sé que no es mi turno y que ahora venía otra historia. Me he colado. Pero como el blog es mío, hago lo que me da la gana. Además, mi psiquiatra me dice siempre: "Boludo, vos debés sacarlo todo, no te quedés con nada dentro. Soltaaaalo". 
Y como el laxante que tomé anoche ya hizo efecto esta mañana, sólo me queda desnudar mi alma. Pero si me lo permiten, le voy a dejar una rebequita puesta, que aquí hace frío.
Sin más dilación, aquí va mi relato:

Accidente en La Muela

Fecha: 14-7-2010.
Lugar: La Muela, Cádiz.
Edad del escalador: buuuuuuuuffffffff!!!!
Tiempo de práctica del escalador: 17 años.
Edad del asegurador: mucha menos de la que aparenta. Qué pena de chaval...está ya to calvo.
Tiempo de práctica del asegurador: también una pila de años.


Descripción de los hechos: "Era una noche de invierno que llovía a chaparrones....la fragua estaba encendida, tu mare Juana cantaba, y tu pare Luis hacía arcayatitas gitanas...
Como llovía tanto, no fui a escalar al día siguiente. Pero otro día sí, que fue cuando me pegue la piña. Una piña tan grande como para que Bob Esponja se mudara allí con su pandilla de amigos gays. 
Un caluroso día de julio, tres aguerridos escaladores y un servidor nos fuimos a trepar juntos. Por aquel entonces, yo andaba probando Carpe Diem, una vía cinco estrellas obra del Maestro Jacinto. 
Ese día me encontraba bien y encadené fácilmente. Lo que pasa es que yo hago como que me cuesta un poco, para que los demás no se me vengan abajo y no les corroa la envidia.
Cuando chapé la reunión, y mientras el público asistente me aclamaba con una gran ovación, se escuchó por encima del griterío una voz que decía: "Tírateeeeeeee", con cierto acento sudamericano.
Yo, como persona cuerda, sensata, con dos dedos de frente y nada partidaria de demostraciones típicas de Macho Analfa, me negué, intentando exponer mis motivos razonadamente. Pero los ioputas estos son como son, y me rompieron los esquemas con un argumento imposible de rebatir:

-"Mariconaaaaaaa, que no tienes güevos". Y me tiré...

Pero no me dejé caer simplemente, sino que después de descoser la reu,  enardecido por el encadene y por la afrenta a mi hombría, me impulsé con los brazos con toda la fuerza de la que fui capaz. 
Como resultado, me fui alejando de la pared. Cada vez más...primero vi la reunión, luego la parte de arriba de la pared, el final del muro, los árboles del borde, el cielo (ahí me empecé a poner nervioso), buitres volando (ahí me empecé a asustar), los árboles que estaban detrás mía (ahí me hice caquita), el suelo y por último, el cabrón que me aseguraba...
Me lancé con tanta fuerza que me volteé en el aire, y por el camino se me enganchó la pierna en la cuerda, lo que impidió que volviese a la posición normal. 
El resultado fue un tremendo costalazo contra la pared muchos, muchos metros más abajo y una quemadura en la pierna. Además, al golpearme casi me llevo por delante a otro colega que estaba escalando. Al menos tuve la inmensa suerte de no darme en la cabeza."


Posibles causas: falta de personalidad, exceso de entusiasmo, ser de barrio y picarse fácilmente. En fin, tú sabes, pocas excusas hay en este caso.

Consecuencias: golpe tremendo en la cadera con posterior moratón y dolor durante varias semanas. Quemadura en la pierna, por detrás de la rodilla (¿cómo carajo se llama esa parte del cuerpo?, ¿el sobaco de la rodilla?). Ser motivo de mofa por parte de mi asegurador y sus secuaces.

Cómo evitar esto: no juntarse con los mamones estos, o al menos, no hacerles caso si te dicen que te tires. Llevar casco. Si me doy en la cabeza me mato fijo. Y dejarme puesto los pañales para las pérdidas de orina, que hubieran amortiguado algo el caderazo. Lo que pasa es que con el arnés me aprietan un poco y me los quito para escalar.


Cuentan que cuando estás al borde de la muerte, ves pasar tu vida delante de tus ojos. Eso será al que se muere de golpe, porque a mí me dio tiempo de ver mi vida, de hacer la lista de la compra, de rascarme un poco la entrepierna y de repasar los últimos capítulos de El Secreto de Puente Viejo. Es que se me hizo muy laaaaaarga la caída.

Sé que no es excusa, pero no soy el único que ha cometido este error. Aquí tenéis otro ejemplo más o menos reciente:


Así que niños, por favor, no intentéis hacer esto en casa, y mucho menos escalando. Es un disparate sin sentido que te puede costar caro. Sé que los máquinas somos un ejemplo para los demás, pero no todo lo que hacemos debe ser tomado como ejemplo. Yo me voy de las tiendas sin pagar sin querer. Es que no me doy cuenta. No lo hagáis vosotros.

Salud para todos, feliz año nuevo, y que los Reyes os traigan todo lo que pidáis. Pero un consejo, alejaos de sus camellos, que yo les dejé una vez a deber dinero y no veas cómo se las gastan para cobrarlo. Ni se os ocurra mirarles a los ojos...

lunes, 25 de noviembre de 2013

ACCIDENTES: SEGUNDO CAPÍTULO

(Esta vez, voy a hacer como Curro, que escribe siempre en tercera persona del plural para darle más pompa a los textos y que parezca que son un montón de colaboradores, que eso viste mucho.)

Segunda entrega del recopilatorio de relatos de accidentes escalatiles que está haciendo furor entre la población local. Sobre todo entre la población local de la peluquería de nuestra calle. Les dejamos una copia en papel y las señoras están como locas.

Sin duda, este accidente es, de los que hemos recibido hasta el momento provenientes de los cuatro o cinco puntos cardinales, el que más graves consecuencias ha tenido. Y eso que a priori, la situación que lo provoca parece de lo más inofensiva.

Claro, inofensiva. Como los canis de nuestro barrio, que tienen los Pitbull sueltos en la plaza y te dicen que no muerden...hasta que un día te encuentras a uno mordisqueándote un tobillo, con lo molesto que es eso.

La verdad es que me hubiera gustado un poco más de ambientación en la historia. Más tensión. Algo que te enganche desde el principio del relato. Una cosa así como: "era una fría mañana de invierno. Los hierbajos esos del oeste, rodaban por la carretera. Los lobos aullaban...". En fin, las típicas cosas que nos pasan cuando vamos a escalar, un pelín adornadas. Pero no. Escueto el muchacho.

Está claro que todos los escaladores no pueden ser como Stephen King, aunque algunos den más miedo aún de lo fantasmas que son. Lo importante en este caso, es que se entiende el conceto. Y el conceto señores, es el conceto (y tal como les digo una cosa, les digo la otra).

He buscado Montrebei en internet y ha salido esto. Como yo no he estado nunca, me fiaré de San Google.

Accidente en Montrebei 

Fecha: 17/04/2013.
Lugar: Montrebei, Cataluña.
Edad escalador: 43.
Tiempo de práctica escalador: 23 años.
Edad asegurador:
Tiempo de práctica asegurador:

Descripción de los hechos: nuestra intención era hacer la vía "Latin Brother", pero nos habíamos metido en una vía equivocada. Después de 3 largos, nos dimos cuenta de nuestro error y nos bajamos. Nos pusimos a buscar la "Latin Brother". Dejamos las cuerdas a pie de pared y bajamos el trepadero para tener una visión de conjunto de todo el muro.

En una de las subidas para localizar la vía empiezo a subir el trepadero (II/III) algo descompuesto; ya casi llegando a pie de pared y después de haber comprobado uno de los innumerables cantos de dudosa fiabilidad, doy el tirón para subir. Pero el canto ha aguantado la comprobación pero no mi peso; pierdo pie y caigo 1 metro más o menos hasta una repisa, con tal mala fortuna que reboto hacia atrás y caigo por un pequeño cortado de unos 6 metros. Desafortunadamente no hay nada para agarrarme y caigo de pie esos 6 metros.

Posibles causas: subestimar la peligrosidad de los terrenos fáciles.

Consecuencias: fueron bastante graves. Tibia y peroné y puede que cerca de un año de rehabilitación.

Cómo evitar esto: extremar las precauciones en terreno “fácil”.

Ante todo decir que este amigo ya se encuentra bastante recuperado de la pierna (lo demás creemos que ya no tiene arreglo). Que ya anda, aunque con las lógicas limitaciones, y que incluso ha empezado a entrenar un poco en el tablón.

Resulta bastante habitual que los accesos a las zonas de escalada tengan algún tramo potencialmente peligroso, pero por estar habituados a ellos, no les prestamos atención: un sendero estrecho con algún paso delicado y una posible caída, trepaderos hasta pie de vía con agarres poco fiables (para muestra un botón), un río infestado de pirañas, un campo sembrado de boñigas de vaca...Infinidad de peligros nos acechan, ya lo han visto. 

Esperamos que les haya resultado provechosa la lectura de este tostón, o en caso contrario, que al menos les haya dado tiempo de llegar al váter para vomitar. No se molesten por el tonillo jocoso que hemos empleado tratándose de temas tan serios, pero creemos que la vida hay que tomársela con humor, y que de casi cualquier cosa se puede bromear.

Menos del Betis. No quiero ni una bromita sobre el Betis. 

martes, 12 de noviembre de 2013

APRENDER DE LOS ERRORES...DE OTROS

A finales del año 2011 y a lo largo del 2012 se han producido una serie de accidentes practicando la escalada, en los que se vieron involucrados amigos, conocidos y algún que otro desconocido que se ha prestado amablemente a colaborar.

Escaladores veteranos y recién llegados. En grandes escuelas y en pequeños sectores casi secretos. En rocódromos urbanos. En vías de largos, o de pocos metros. Cualquier lugar es bueno para cometer un error y tener un accidente. Y nadie, por muchos años que lleve escalando, está libre de ello.

Viendo que cada vez más gente se lanza a practicar este deporte, muchas veces sin tener si quiera los conocimientos mínimos necesarios (léase ni putísima idea), me pareció interesante recopilar y publicar los testimonios de dichos accidentes, pero sin intermediarios. Escritos y narrados de primera mano por sus protagonistas.

Algunos han colaborado y además gratis. Otros han pasado de mí. Alguno incluso me pidió dinero y/o sexo a cambio. Lo malo es que al final cada vez querían más sexo y ya no daba abasto...

La idea es ver si alguno de esos insensatos se da cuenta de que esto es peligroso y te puedes matar, y se preocupa un poco por aprender lo básico. 

Y por supuesto, recordarnos a los viejos que nos las damos de que ya lo sabemos todo y que a nosotros no nos pasará nunca, que sí, que un día podemos acertar los 6 números y el complementario y nos pueden sacar del campo con los pies por delante.

El primero de los relatos se desarrolla en el rocódromo del Puente del Alamillo en Sevilla. Para los que no lo conozcan y quieran saber algo sobre él, os dejo este enlace:
http://aprietabicho.blogspot.com.es/2009/12/rocodromo-alamillo.html

Se trata de un rocódromo urbano al que cada vez acuden más escaladores, más gente que se cree escaladora con su equipo recién comprado en el Decarthón, y gente que ni siquiera eso. Que con un arnés de obra y una cuerda de persiana ellos ya se apañan. 
En definitiva, un lugar que desgraciadamente tiene todas las papeletas para que ocurra un accidente grave o incluso mortal.  Si vinieran los que hacen los catálogos de Petzl a ver lo que hace la peña allí, no tendrían calaveras suficientes para poner.

En fin, aquí va el relato. Muchas gracias a su autor por prestarse a colaborar y mandarme su historia!. 
Para que os hagáis una idea, la altura aproximada desde la que cayó este escalador es de unos 10 o 12 metros. Las reuniones están situadas entre los agujeros del techo, como se puede ver en la siguiente foto:


Foto: Lorena Rivilla

Accidente en Rocódromo Puente del Alamillo

Fecha: 12/12/2012.
Lugar: Rocódromo puente del Alamillo. Columna 4. Vía “Caradura”.
Edad escalador: 25 años.
Tiempo de práctica escalador: 4 años.
Edad asegurador: 24 años.
Tiempo de práctica asegurador: 1 año.

Descripción de los hechos: A las ocho de la tarde decidí escalar alguna vía más. Había hecho ya varias, y decidí meterme en “Caradura” 6c. Era de mi grado, y la tenía ensayada, pero el último paso siempre se resistía a salir de forma cómoda. 

Le pedí entonces a un amigo que me asegurara. Llevaba tiempo en el mundillo de la escalada, pero de forma muy intermitente, y el rodaje que tenía asegurando no era muy amplio. Ya me había asegurado bastantes veces antes y no había por qué pensar que habría ningún problema.

Nos preparamos entonces, chequeo a conciencia que todo está en su sitio: arnés bien puesto, cuerda bien pasada por el gri-gri, mosquetón con la rosca echada y nudo de fin de cuerda.

Comienzo la vía, todo perfecto, encadene limpio. Chapo la última cinta antes del gancho-reunión y empiezo a “pelearme” con ese último paso. Me notaba las manos algo entumecidas por el frío y busqué un reposo. Pienso que esto tenía que haber dado a entender a mi asegurador que la posibilidad de caer había aumentado, y en consecuencia, que estuviera al loro más todavía. 

Retomo la vía y al intentar el último agarre, caigo. En el tiempo de la caída, que por cierto se me hizo eterno, sólo pensaba que en algún momento el gri-gri bloquearía la cuerda. Pero no fue así, y cuando toqué suelo, lo primero que pensé es cómo había sido eso posible. 

Aunque ese último tramo de la vía es techo puro, caí de pie, apoyando algo más el derecho, y cuando las piernas cedieron al peso, el cuerpo se inclinó hacia atrás, dando el segundo contacto con el culo, y ya por último, y muy suave, con la nuca. No perdí el conocimiento en ningún momento, ni tampoco la movilidad de ningún segmento. 

La caída no se puede considerar totalmente “a plomo”, puesto que el roce de la cuerda en todas las cintas disminuyó algo la velocidad de caída.

Posibles causas: Una vez que pasó todo, y hablando con el asegurador y los que estaban por allí, todavía no tenemos claro que pasó realmente. A título personal, creo que en el momento de la caída, el asegurador recurrió a sus instintos más básicos, intentando bloquear la cuerda por encima del freno, con sus propias manos, lo que hizo que el gri-gri no acumulara suficiente tensión para bloquearse.

Consecuencias: La ambulancia me recogió después de una eterna espera. Me hicieron radiografías de cadera y tobillo. Todas ellas dejaban ver que no existían ni fracturas ni fisuras óseas. Tras 15 días con el tobillo enyesado visité a un traumatólogo con resonancia en mano. Tenía edemas óseos en la tibia, el astrágalo y el calcáneo (huesos del tobillo) y se había levantado una pequeña lasca de cartílago en la epífisis distal de la tibia. El dolor en la cadera terminó remitiendo, pero para el tobillo necesité algo de rehabilitación. Sin duda, las consecuencias podrían haber sido mucho peores.


Cómo evitar esto: Como cualquier accidente, éste también se podría haber evitado. Las directrices en este caso son muy básicas y por todos conocidas. La premisa es NUNCA, si, digo bien, NUNCA dejar de agarrar el tramo de cuerda que sale de la bolsa y entra al gri-gri. Incluso gente muy experimentada lo hace, y deja, por algunos segundos, el contacto con ese tramo de cuerda. Recomiendo ver este vídeo a modo de instrucciones teóricas: http://www.youtube.com/watch?v=3HN753rRBe0



Un saludo y a trepar!